Taller de narraciones audiovisuales

Searching of Sugar Man. Cine negro para documentalistas

martha | 06 Marzo, 2013 09:14 | del.icio.us latafanera.cat meneame.net facebook.com politi.cat google.com twitter.com technorati.com

Recomiendo a quienes estén interesad@s en cómo hacer un documental de investigación que se asomen a la sala 2 de CineCiutat porque sigue en cartelera “Searching for Sugar Man” (2012). No me refiero a la historia, que es en sí misma una buena razón para acudir a la cita; más allá de “qué cuenta” quiero subrayar el “cómo lo hace” porque se trata de una propuesta que puede inspirar a más de un/a documentalista.

Quien quiera ver el largometraje desde este punto de vista, tiene que saber que, una vez en la butaca no ha de ponerse en la piel de sus personajes sino del director, guionista y editor de la película, Malik Bendjelloul. Es él quien pone al servicio de su investigación ciertos trucos narrativos que pueden inspirar a otr@s narrador@s. El asunto es el siguiente: para contar la historia de Sixto Rodriguez, un cantautor de referencia en Sudáfrica y sin embargo desconocido en su país de residencia, EEUU, Bendjelloul recurre a estrategias propias de las películas policíacas. 

 

Seré concisa y señalaré tres ingredientes destacables, con el único fin de que el público interesado los detecte y así puedan llenarlos de matices. Para empezar: se ha de prestar atención a quién cuenta la historia. Toda película policíaca necesita un detective que lleve hacia delante la trama y que tenga alguna marca de distinción. Este documental arranca con Stephen “Sugar” Segerman (apodado así en honor a su héroe maldito), un melómano dueño de una pequeña tienda de discos, quien conduce su coche bordeando los acantilados de Cape Town mientras canta la primera estrofa de Sugar Man. La escena contiene, simbólicamente, los ingredientes necesarios: un detective con apodo, un lugar de trabajo ligeramente sórdido y un blues interpretado precisamente por… un muerto: su venerado Sixto Rodriguez. Es más, Segerman no trabaja solo, cuenta con el apoyo de un periodista, Craig Bartholomew-Strydom, a quien le une su pasión por el mismo enigma: el paradero de su ídolo, Rodríguez.

Normalmente las personas que llevan a cabo un documental de investigación se centran tanto en los datos generados por su indagación que olvidan que lo que están contando es un desvelamiento. No están contando "la verdad" sino que están desvelando un secreto, un aspecto de la realidad que estaba oculto y que su investigación saca a la luz. El género policíaco sabe mucho de este asunto, ha desarrollado tácticas y estrategias, y Bendjelloul, en esta ópera prima, se las reapropia para hacer de su investigación un relato fascinante. Más allá de que "olvide" hacer preguntas relevantes sobre su ídolo, más allá  de querer salvarle a toda costa, este cineasta sabe narrar su investigación y de esto es de lo que estoy hablando en el post. No del qué, sino del cómo. 

  

Por ejemplo, cualquier persona acostumbrada al cine negro sabe que el detective de la historia necesita una pasión desbordada, una fijación que le haga pelearse con sus dudas, caer en la tentación, meterse en líos… Esta obsesión le hace humano, frágil y falible, le implica en la trama, no le hace objetivo… algo que sitúa hace que el espectador dude de la capacidad del detective para llevar a buen fin la investigación. En "Searching of Sugar Man", los investigadores se embarran en la historia, desvelando sus prejuicios (creen que está muerto) y emociones (antes que investigadores, son fans), lo que sitúa al público en el lugar de la “objetividad”. Esta propuesta recuerda a l@s documentalistas que para defender la objetividad de sus procesos de investigación no se tiene por qué recurrir a estructuras narrativas rígidas, basadas exclusivamente en el orden cronológico y los datos.

 

Segundo ingrediente: Sin forzar la realidad, Bendjelloul relata el descubrimiento de la figura de Sixto Rodriguez con un tono ligeramente “negro” capaz de envolver al público en una emoción llamada “intriga”. Para eso, respeta uno de los principios fundamentales de cualquier autor/a de relatos de suspense: “juega limpio con el público”. Siendo coherente con ella, Bendjelloul asegura que la información que tienen l@s espectador@s es la misma de la que dispone el detective. Es decir, quien está en la butaca llega a la solución del enigma gracias a las pistas que va distribuyendo el autor a lo largo de la trama. En esta película Segerman y Bartholomew-Strydom van avanzando en la investigación siguiendo pistas falsas, encontrándose con personajes inesperados... que les obligará a dar varios giros a su investigación. El director y guionista de la película da giros astutos a esas pruebas, pero siempre dentro de esta regla del juego.

Y, en tercer lugar: trabajar las preguntas de la investigación como si fueran incógnitas. No sólo se trata de detectar qué voy a resolver y cómo, sino dosificar este desvelamiento de manera que el horizonte de incertidumbre creado desde el primer momento, lejos de despejarse, vaya cambiando de forma y haciéndose más complejo a medida que avanza la trama. Para ello, aunque la pregunta más relevante no se resuelve hasta el final, las otras tienen que mostrarse que como si fueran claves para la historia. En este caso, el autor de la película nos hace interesarnos por el falso muerto, luego por su heroicidad… y así hasta el final. 

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