Taller de narraciones audiovisuales

El Big-Ben, las raciones de leche y los 700 soldados

martha | 16 Abril, 2013 13:13 | del.icio.us latafanera.cat meneame.net facebook.com politi.cat google.com twitter.com technorati.com

Los actos oficiales no son productivos. Si existen es por su alto valor simbólico. Las instituciones los utilizan para asentar un acontecimiento en la memoria colectiva, que suele ir enlazado a un valor moral. Jornadas como el día de la Constitución, celebraciones como el de las Fuerzas Armadas, o rituales como el mensaje de navidad del rey forman parte de este juego narrativo que afirma los pilares básicos del sistema en el que vive el grupo, es decir, los aspectos no sólo innegociables sino que además deben de mantenerse en la memoria como generadores de unidad y de consenso.

Si quien organiza un entierro es una institución, es evidente que el objetivo va más allá de honrar la memoria de una persona fallecida: se trata de instalarla en un lugar concreto del olimpo para convertirla en el símbolo de unos valores concretos. Es tan importante la ceremonia y su relato, que cualquier detalle alcanza una enorme repercusión narrativa: que las campanas del Big Ben guarden silencio durante el funeral de la ex primera ministra Margaret Thatcher (que tendrá lugar mañana en el Reino Unido) no es baladí (el último en recibir el mismo acto de silencio fue Wiston Churchill, primer ministro del Reino Unido durante la II Guerra Mundial) como tampoco lo es que la mayoría de los 700 militares que acompañarán el féretro hayan participado en la guerra de Las Malvinas (1982). 

 

 

L@s guionistas de este acto ponen en juego sus símbolos para que la figura de Margareth Thatcher se sitúe en un espacio concreto de la memoria de las personas que hoy estamos vivas (y, por tanto, los únicos seres por quienes las instituciones están interesadas): esta prócer “venció” al enemigo en una situación de guerra. Thatcher no fue generala, oficialmente la única guerra que propició fue la que sucedió en Las Malvinas justo cuando la tasa de desempleados alcanzaba la cuota más alta desde los años 30. La ex primera ministra británica representa un modo de entender la economía que podría resumirse como “el menor Estado posible para dar la mayor libertad posible para los mercados”, unos principios que desde hace unos años parecen inspirar la política económica europea y que el equipo de Rajoy cumple a rajatabla. 

El hecho de que los fastos que el gobierno británico ha elegido sean los propios de un héroe militar obedece a un criterio narrativo: dejar claro que existe un modelo económico cuya defensa adquiere la categoría de enfrentamiento bélico, lo que permite hibridaciones como las que en la época de las cruzadas hacían posible la figura del monje-soldado. Ahora l@s defensor@s de las teorías de Friedman y Hayek crean la figura del economista-soldado, un “elegido” dispuesto a decir en alto sin despeinarse que no “es un político de consenso, sino de unas convicciones" tan arraigadas que es capaz de matar por ellas. Es decir: no hay más orden económico que el suyo.

 

 

 

Una de las maneras de lograr que estos relatos no arraiguen en la memoria colectiva es situarse en otro contexto. Mañana hay personas que, dispuestas a hacer visible públicamente su disconformidad con este ritual y el relato que lo sostiene, darán la espalda al féretro durante su recorrido. Desde hace días, hay quienes contribuyen con sus comentarios en los medios de comunicación a decir en alto los desmanes que estos fastos pretenden enterrar en el olvido, como, por ejemplo, que privatizó las empresas estatales de teléfono, gas, agua, electricidad y la línea aérea British Airways, declaró la guerra a los sindicatos del carbón (a quienes comparó con el enemigo argentino en Las Malvinas) hasta llegar a afirmar en ese contexto que "Tenemos que ser conscientes siempre del enemigo interior, que es mucho más difícil de combatir y más peligroso para la libertad". 

Yo promuevo las conversaciones con l@s amig@s y conocid@s. Contribuyen a desvelar las estrategias narrativas de quienes están diseñando este entierro. Como la que mantuve ayer con mi amiga Alice May Prigann. Desmenuzamos hasta qué punto l@s cruzad@s del neoliberalismo están situando los postulados de Milton Friedman y Friedrich Hayek en el rango de “cuestión de fe”. El entierro de Thatcher recuerda que las instituciones que hoy abanderan estos supuestos consideran que los recortes del Estado de Bienestar son verdades irrefutables, revelaciones. Situad@s en el poder político, est@s neomonj@s/soldad@s convirten sus medidas económicas en dogmas y a sus detractores en un enemigo al que se está dispuesto a eliminar. Durante largo rato Alice y yo disertamos sobre el hecho de que, si durante cinco siglos los cruzados supeditaban el poder terrenal a los principios religiosos, estos fastos militares nos recordaban que l@s defensor@s del neoliberalismo pueden considerar a quien no comulgue con sus ideas como un ser maligno al que hay que exterminar; algo más que un contrincante u opositior, más que un enemigo cualquiera, más que un delincuente… un terrorista, por ejemplo.

 

 

 

Es en este contexto narrativamente bélico donde se sitúan el resto de los relatos que proceden de las instituciones; no importa dónde se produzcan ni en qué ámbito político sucedan. Por ejemplo, cuando Cospedal dice que «La violencia solo genera más violencia», refiriéndose a los escraches, y les advierte de que si hubiera algo «grave que lamentar» por estos actos sería responsabilidad de ese grupo, está situándose en un lugar: el de neomonja/guerrera dentro de la cruzada neoliberal que plantea a sus enemigos o un armisticio o una invasión en toda regla. 

Cuando las instituciones se dedican a crear narraciones colectivas, generan realidades que muchas veces son cruentas. El problema es que, además, sus guionistas últimamente no parecen dar abasto y ya las tramas además de peligrosas comienzan a ser disparatadas. Quizá pocos se acuerden pero en 1970, cuando era secretaria de estado para la educación y ciencia, Margareth Thatcher se ganó el apodo de “Thatcher, Milk-Snatcher” (ladrona de leche) por su decisión de retirar del servicio gratuito de leche para niños en los colegios. Su argumento: había que recortar gastos. Pues bien, coincidiendo con su muerte el gobierno británico está racionando la venta de leche polvo para impedir que los inmigrantes chinos hagan un envío masivo de latas a sus familiares en China. Su argumento: en el año 2008 hubo un escándalo en China en torno a los productos lácteos locales que provocó la muerte de ocho bebés, para impedir una sobreexportación de este tipo de productos que encarecería su precio para el consumidor británico, han decidido racionar la venta de leche diaria en los supermercados. Para cualquier europe@ la palabra “racionamiento” está vinculada con su última gran guerra, o la mundial o la local. En fin, vuelta la mula al trigo. 

 

Comentarios

Complementos

Iván | 16/04/2013, 14:50

Hola,
genial artículo.
Y cómo complemento recomiendo
un artículo de Vicenç Navarro sobre Thatcher.

Saludos,

Iván

Haciendo relatos transversales

martha | 16/04/2013, 15:54

Gracias por el link. Ahora mismo me convierto en su lectora

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