Taller de narraciones audiovisuales

Vietnam. Aquí y ahora. A 300 metros.

martha | 18 Abril, 2013 17:48 | del.icio.us latafanera.cat meneame.net facebook.com politi.cat google.com twitter.com technorati.com

Los calendarios oficiales y sus celebraciones siempre me han parecido como esos desvanes de abuela en el que se pueden encontrar restos de historias por contar, vestigios del pasado y objetos mimosamente guardados a pesar de su aparente insignificancia. Gracias a los buscadores de internet cualquier día puede esconder una celebración interesante, cualquiera puede descubrir conmemoraciones paganas que lograron sobrevivir al silencio impuesto por las grandes religiones oficiales, fechas memorables que no logran ser sepultadas por los poderes institucionales, o, simplemente, perchas informativas que permiten sacar a la luz historias que de otra manera no consiguen ser noticia. Hoy, con motivo del 40 aniversario del comienzo de la Guerra de Vietnam, el programa de documentales “En Portada” emite “La guerra que (sí) nos contaron”, un relato audiovisual que busca analizar cómo Vietnam marcó un antes y un después en la cobertura de grandes conflictos.

En aquellos años TVE era la única cadena de televisión en España, de modo que la emisora pone en valor su lugar privilegiado en este periodo de la Historia del planeta. Cuarenta años después de lo sucedido podrían haber elegido cualquier línea argumental cuyo fondo fuera la guerra que asoló Vietnam del Norte y del Sur entre 1964 y 1975. La elección que han hecho es plantearse hasta qué punto Estados Unidos perdió la guerra, más que en el campo de batalla, en los periódicos y en los informativos de televisión. Es decir: el valor estratégico de los relatos y, concretamente, los relatos de la guerra.

Conociendo el perfil de l@s protagonistas del relato (un nutrido grupo de corresponsales internacionales que cubrieron la guerra para los grandes medios de comunicación más prestigiados de la época), es de esperar que sus análisis se centren en la forma de cubrir narrativamente el evento, qué lugar ocupaban, cuáles eran sus dificultades a la hora de transmitir la verdad.

 

 

Esta afirmación (EEUU perdió la guerra por el peso de los medios de comunicación) afirma que desde entonces las guerras ya se sabe que se liberan en el espacio informativo. Hasta qué punto eran los periodistas conscientes o formaban parte de un circo mediático. Eran testigos de excepción, pudieron ver y contar, cómo la guerra emborracha. ¿Hasta qué punto no fueron tan engañados como los soldados? ¿Cuándo se produjo su despertar?. A diferencia de ellos sus máquinas no disparaban balas.

Vietnam inventó el body count. El número de bajas contabilizado pasó en Vietnam a ser el principal indicador de habilidad militar. Para los soldados, lograr ciertas cifras era recompensado con cerveza y permisos. Lo que llevó a menudo a que se exageraran las cifras. En lugar de centrarse en los cadáveres mutilados, los soldados que eran capaces de imaginarse a sí mismos como héroes cinematográficos sentían que eran guerreros eficaces. Semejantes formas de disociación resultaban psicológicamente útiles en el campo de batalla. Al imaginarse a sí mismos participando en una fantasía, los hombres conseguían encontrar un lenguaje que les evitaba tener que hacer frente al horror indescriptible no sólo de morir, sino también de causar la muerte. El enemigo era un objetivo, un bulto, una puntuación, debía de borrar su rostro y convertirse en un objeto con nombre despreciable.

Así es posible que soldados como Philip Caputo, contaran a la historiadora Bourke (tal y como lo refleja en su libro “Sed de sangre”) que creían que matar vietcongs era como ver una película: "Mientras una parte de mí realizaba una acción, otra parte de mí miraba desde la distancia". Hoy los muertos se siguen contando como si un muerto ya no fuera suficiente. La despersonalización del enemigo, su cosificación, ayuda al soldado a matar sin culpa. Pero la explicación de Canuto afirma otro factor imprescindible para aliviar la culpa y seguir matando: la enajenación, es decir, lograr que el soldado se vea envuelto en una historia irreal, una alucinación, lo que llamamos vulgarmente “una película”. En lugar de centrarse en los cadáveres mutilados, los soldados que eran capaces de imaginarse a sí mismos como héroes cinematográficos sentían que eran guerreros eficaces. Semejantes formas de disociación resultaban psicológicamente útiles en el campo de batalla. Al imaginarse a sí mismos participando en una fantasía, los hombres conseguían encontrar un lenguaje que les evitaba tener que hacer frente al horror indescriptible no sólo de morir, sino también de causar la muerte. 

 

En “Nam. The Vietnam war in the words of the men and women who fought there” (1982), el ensayista Marck Baker recogió el testimonio de un operador de radio de 18 años, quien confesaba que le encantaba estar "en la zanja y ver a la gente morir. Era tan feo como suena: sencillamente, me gustaba mirar sin importar qué ocurría, recostado, con mi taza de chocolate caliente en la mano. Era como una gran película".

Con estos antecedentes, no resulta sorprendente que los combatientes interpretaran sus experiencias en el campo de batalla a través de la lente de una cámara imaginaria. Por desgracia, con frecuencia, la realidad no estaba a la altura de su representación en la gran pantalla. El oficial Gary McKay, un veinteañero australiano, contó a Bourke que se sintió ligeramente decepcionado por la forma en que sus víctimas se comportaban al ser alcanzadas por sus balas. "No era lo que uno normalmente esperaría después de haber visto la tele y las películas de guerra. Los heridos no proferían un gran grito de dolor antes de derrumbarse, sino que emitían apenas un débil gruñido y luego caían en tierra sin control", observó malhumorado. (...)

El problema es que la presencia de una cámara en el lugar de combate lo que azuza es, precisamente, esa esquizofrenia. Durante la guerra de Vietnam, el periodista Michael Herr comentó que, cuando había un equipo de rodaje cerca, los soldados de infantería montaban en sus cabezas " verdaderas películas de guerra, bajo el fuego, agalludos, bailaban un poco de claqué, se sacaban los granos para salir bien en televisión... realizaban números para las cámaras". De hecho, durante la invasión de la isla de Granada en 1983, los soldados estadounidenses entraron en batalla con música de Wagner, a imitación del coronel Kilgore, el oficial interpretado por Robert Duvall en “Apocalypse Now” (1979). 

 

La idealización romántica del combate y las vivencias de alienación (testimonios que inciden en que todo lo que les rodeaba parecía irreal, como una película, o que se veían a sí mismos desde fuera) ayudaron a muchos soldados a ver su participación en la guerra como algo ajeno, lo que les permitía después incorporarse a la “vida cotidiana” sin demasiados tormentos. El problema es que, como recuerda Bourke “incontables estudios han mostrado que cuando se encuentra en una situación extraordinaria la gente común actúa de modos que en circunstancias normales”. L@s reporter@s de guerra que esta noche aparecerán en el documental de “En Portada” también vivieron situaciones extraordinarias. ¿Hasta qué punto eran inmunes a estas estrategias de propaganda, alienación, odio al enemigo? ¿Contarán lo que vieron o se convertirán en los protagonistas de una película llamada, cómo poder contar lo que vimos? ¿Cuestionarán su papel? ¿Se darán cuenta del impacto que tuvieron sus historias más allá de la intención de informar sobre lo que vieron?

Por otra parte, al dar por supuesto que hace años que los conflictos (bélicos) se cuentan de manera tan controlada como para que sólo haya una versión interesada que haga ganar la guerra y crear cohesiones entre la ciudadanía, quizás sus testimonios alumbren situaciones del aquí y del ahora. Por ejemplo, la orden interna que la dirección de la policía nacional envió hace unos días a todas las comisarías del estado por la que se prohíbe la presencia de grupos de personas a menos de 300 metros de los domicilios de autoridades y personalidades políticas, dejándose “a los mandos que sepan interpretar, con la flexibilidad y proporcionalidad adecuadas, cada caso", según palabras del propio  ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, por tanto, no descartando que pueda aplicarse a los periodistas, fotógrafos, etc.

Hoy, la noticia de Carlos Hidalgo publicada en ABC en la que se explica que la policía investiga la ideología de personas que se hacen pasar por periodistas “escudándose en falsas credenciales de periodistas”. Si les detuvieran por falsificación de documento público, vale, pero si resulta que se trata de credenciales que les identifica como comunicadores de sus propios blogs o de medios digitales ¿Lo considerarían falso?. Sigue sin despejarse la muerte de José Couso, un cámara de televisión que trabajaba para una empresa privada de comunicación, aunque no estaba en plantilla. A diferencia de aquel, los que aparecen en el documental tenían un cartel de comunicación detrás. Aún así, eran más libres entonces que ahora cualquiera de los periodistas con carnet. Falsifican chalecos homologados. ¿No están en la calle? ¿No pueden fotografiar lo que quieren?

 

 Nuevas tecnologías: policías con cámaras de vídeo en los cascos

A finales del año pasado, el director general de la Policía, Ignacio Cosidó, ha abierto una nueva brecha en el Ministerio del Interior al declarar que "se está estudiando la prohibición de captación, reproducción y tratamiento de imágenes, sonidos y datos de los miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado" que se encuentren "en el ejercicio de sus funciones". Hubo un tiempo en el que sólo se permitía poner el pie en la calle a las cámaras del NODO. En 1983 la ley de Pilar Miró se llevó por delante esta limitación. Sucedió varios años después de que se firmara la Constitución, es decir, que se reconociera el derecho a la libertad de expresión. Quizá fuera un vaticinio: la libertad de expresión ya nació como papel mojado. O quizá es que, insisto, las instituciones estén jugando a un juego narrativo peligroso: el enemigo está en casa y habrá que aplicar toda la lógica bélica.

Esta noche escucharé muy atentamente a aquell@s veteranos, quizá pueda leer entre líneas algunos consejos.

 

Comentarios

I like this post, enjoyed this one thankyou for posting . gffckbfaaeef

Johna578 | 25/11/2016, 03:15

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