Taller de narraciones audiovisuales

Echarle salsa al té… para bailar otros cuentos

martha | 02 Mayo, 2013 14:03 | del.icio.us latafanera.cat meneame.net facebook.com politi.cat google.com twitter.com technorati.com

Ahora que aquell@s que creían habitar el cielo mira para sus pies y descubren el barro. Ahora que resulta tan difícil disimular las rajas del neoliberalismo y algunas personas vuelven a recordar que todo es una suma inestable de agua y tierra… Es el momento de celebrar la vida. Para esto no hay recetas sino experiencias. Tampoco hay palabras exactas, nada preciso… sin embargo, celebrar es una acción tan fértil que sólo ir en pos de la definición ya genera algo nuevo y, por tanto, un ligero cambio, un estremecimiento, el brote, una posibilidad.

Se me ocurre decir que es tan sencillo como cambiar el paso o un compás, pues de esa manera tan pueril probablemente naciera el baile y la música. Ahora que las personas que creían haber alcanzado el equilibrio comprueban que sus fuentes de estabilidad se tambalean, podrían mirar los pies de aquell@s que llevan tiempo habitando el fango y allí aman, odian, viven, crecen, se embadurnan y apuran la copa (porque el vino es vino hasta su última gota). Aprovechar el traspiés para seguir bailando… la vida. Descubrir, por ejemplo, que los seres humanos hacemos hogar en cualquier sitio: debajo de nuestra mochila, en el borde del camino, bajo la sombra de un árbol, en la habitación del palacio. En medio de la vida logramos encontrar aquello que permanece y lo llamamos “mi sitio” y allí dormimos, tomamos aliento, hasta el día siguiente.

 

Ahora que lo que era cierto se deshace y asusta a quienes preferían vivir deslumbrad@s, provocándoles ese grito agudo en que se transforma el miedo cuando sale de la garganta, es el momento de descubrir las posibilidades de nuestras cuerdas vocales y cantar hasta hacer que las piedras bailen. Ya sé que Orfeo era hombre y su historia corresponde a un orden del mundo, pero ¿Por qué no llevarle hoy de paseo por mi destartalado barrio y comprobar que podemos mover rocas y detener el curso de los ríos con nuestra voz, nuestro ritmo, es decir, nuestras narraciones? Se trata de un poder humano, que anida en cada cambio de ritmo o de paso.

Vuelvo al pequeño libro de Clara Janés (“La palabra y el secreto”) para rescatar un párrafo lleno de referentes femeninos, capaces de hacer que cambie de paso una y otra vez y todo se transforme en una planetaria coreografía.  “Las brujas cantan, las tres gracias, hijas de Venus, que presidían los placeres de la mente, tenían el privilegio de cantar y danzar; las musas y las ninfas se vinculaban igualmente con la música, así Siringa o Eco, que multiplicaba las voces, Tetis, que hacía sonar las caracolas, Calamis, la silbadora. Pero eran notorias ante todo las sirenas que embrujaban con su canto, provocando una languidez erótica que desembocaba en la muerte, si bien derrotadas por Orfeo, ellas mismas precipitaban su desaparición lanzándose contra las rocas”.

 

Leo que Meri Franco-Lao, en “Música Bruja”, asegura que las brujas asignaban a la música una función global y unificadora, "con capacidad de actuar sobre las cosas”, pues el canto es indispensable para el “encanto mágico”. Y también me entero que la tarantela de Pulla (Italia) nació con el fin de vencer la enfermedad… Y entonces, así, a buen ritmo, salto en el barro, comprendiendo que celebrar puede ser un acto no sólo de rebeldía sino transformador.

No (sólo) es un acto poético, es puramente científico: la música tiene efectos sobre las plantas, los animales y el ser humano; está absolutamente comprobado. La “innovación” que propongo es que no hace falta que los violines o los tambores hagan bailar la calma. Se trata de algo mucho más sencillo: “cantar pa' dentro”, que es algo así como sonreír profundamente en el tropiezo, o conectar con la ternura, o recordar que en medio de lo oscuro el ser humano siguió amando.

Sí, ahora que una parte del mundo se asusta y se trabuca porque siempre quiso andar en línea recta, propongo un gesto tan humilde y tan breve como mirarnos los pies y tomar conciencia de que todo/s está/mos hecho/s de agua y tierra. Y mover las caderas. A partir de ahí: !A brincar con todo el cuerpo, como lo hacen l@s niñ@s!.

Jugar con la entrega absoluta.

Cambiar el paso y bailar por dentro.

 

Quedan dos días para terminar el curso “Puro Cine” en Literanta. Es decir, estamos a dos tazas de te de la despedida. Sin embargo… ahí continúa la calle, el barro, y aquí la posibilidad de contar. Dejar atrás las clases en realidad no es más que un simple cambio de paso. Seguiré (seguiremos), inevitablemente, celebrando al vida, usando la voz y animando a quienes pasan por este planeta a brincar al son de las nuevas narraciones.

Hoy, para ir azuzando el aire, echo salsa en el té en nombre de Celia Cruz y con la energía de María Jiménez, me despeino; me descalzo con Chavela Vargas; muevo las caderas con Donna Sumer… Es decir, le doy vuelta al orden, para volver a nombrar el mundo cantando desde dentro, pura brujería.

Que vestirse no es otra cosa que andar desnuda y la vida no es más que un diálogo con la muerte y la alegría una íntima forma de bailar sobre las nubes.

 

 

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