Taller de narraciones audiovisuales

Escuchar cómo respira el planeta, con sus flujos y reflujos… y contarlo (las enseñanzas del Ebro)

martha | 10 Mayo, 2013 12:07 | del.icio.us latafanera.cat meneame.net facebook.com politi.cat google.com twitter.com technorati.com

Sucedió hace más de diez años, en pleno debate sobre el trasvase del Ebro. Entonces era urbanita de lunes a viernes y mantenía el contacto con la naturaleza de manera puntual. No era consciente de que el 70% de mi cuerpo es agua, que sus remolinos me constituyen, que lo único recto es mi forma de andar (en ocasiones) y algunas preguntas, todo lo demás son círculos, semicírculos y espirales. Entonces, si lograba alargar el aroma de las montañas en mi piel era gracias a la moto, que me hacía mirar el cielo cada día y a disfrutar de los cambios de temperatura en cada estación. Querían trasvasar el Ebro y yo no sabía ni siquiera que era un río. Lo único que era capaz de entender era que aquel posible zarpazo al ecosistema del planeta tendría un impacto irreversible en el paisaje y en sus habitantes.

Un día, de regreso de unas cortas vacaciones en Pirineos, aquel río se coló en el asiento trasero del coche y anidó en mi corazón. Conducía Rafa y yo veía caer la tarde por la ventanilla del copiloto. El paisaje era árido a pesar de que arrancaba la primavera, la luz jugaba con el horizonte. Llevábamos varios kilómetros en silencio, arrobados por el atardecer. El ocaso dibujaba un hilillo dorado en el borde del paisaje, una chispa extraña que iba cambiando de tamaño a medida que avanzábamos. La radio emitía una tertulia que ninguno de los dos escuchaba. Sólo cuando tuve ese fulgor a mi lado comprendí que era el sol señalando con su dedo el río. En ese mismo momento, Rafa pronunció “Es el Ebro” y un tertuliano empezó a insistir que era una tubería que desperdiciaba su agua en el Mediterráneo… Así fue cómo se presentó el río que me enseñó a ser más humana.

Ültima jornada de mi viaje junto al Ebro: el encuentro con el mar

Semanas después de este encuentro, me planté a su lado, con una mochila enorme, cincuenta euros en el bolsillo y mil kilómetros por delante. Lo único que sabía entonces era que quería estar a su lado, comprender qué era un río, experimentar el Ebro de manera humilde. El viaje fue, desde ese momento, la construcción de una respuesta. Mientras le preguntaba al Ebro qué es el agua fui descubriendo quién era yo. Caminé a su lado durante 43 jornadas. Día tras día aprendí a pensar con todo el cuerpo, moviendo los pies, en silencio, intentando comprender un lenguaje desconocido y para el que teóricamente no estaba preparada.

Han pasado más de diez años de aquel viaje iniciático. No imaginaba entonces que años después llegaría a esta isla, Mallorca, a escribir nuestra historia de amor. Recluida en una casa que me permitía mirar el mar y abrazar todos los días a una pareja amiga (Pero, Mamen, y su hijita Estrella, que en aquellos días llegaba a su nuevo hogar), empecé a elaborar un relato que titulé “Una alcoba en la que duerma el río”, sabiendo que es en ese espacio levantado en el aire donde nos encontraremos siempre, el Ebro y yo. Crucé el mar para escribir sobre el río y en medio de ese diálogo me fui transformando. Comprendí, por ejemplo, que podría amar con la silenciosa fuerza de la lluvia, que es capaz de comerse una montaña.

Ahora sé un poco más. Caminé por la costa de Mallorca pegada al mar, también durante 42 días (aquel despertar lo llamé Imago). Sobre un barco de madera llamado Brancaleón he visto la muerte de las olas, una por segundo. Hoy sé que mientras el agua fluye nos ofrece una solución para que este mundo en el que caminamos caiga y se renueve: cada vez que lamen la tierra o chocan con ella, hay entrega, porque el mar, el río, la lluvia se desprenden de una parte de su sustancia líquida en cada encuentro al tiempo que se llevan por delante una porción de tierra.  

 

El Ebro, representado por Eva Lootz

El agua nos constituye. Ayer volví a hablar con Giacomo sobre su experiencia con Man On The River (su viaje a remo de Londres a Estambul, por los ríos de Europa) y sobre sus futuros proyectos. Concluimos que el agua es una escuela de respeto y atención.

Hoy mis oídos escuchan el flujo de mi propia sangre, líquido corriendo por mis sienes, lo que me recuerda que soy río. A estas cañerías, a mi parte líquida, les sigo preguntando quién soy y dejo que me responda aquel agua primera junto a la que caminé en soledad durante 43 jornadas. El Ebro me enseñó a ser, a amar, me regaló mi propia identidad.

La próxima semana volveré a él, en compañía de Toni. El Ebro fue la primera conversación que mantuvimos en nuestra vida. Queremos retratarlo y devolver al río todo lo que nos dio. Compartiré nuestros diálogos en este blog. Mientras tanto, aquí tenéis el relato de aquel primer encuentro: Una alcoba en la que duerma el río”. Con esta narración quise enhebrar mi experiencia a la de tod@s aquell@s que viven junto al agua y saben que los ríos son circulares. Desde aquí y ahora recordaremos que en este planeta existen personas que viven, sienten, perciben, escriben, avanzan… por esos caminos azules que dibuja el agua desde que cae del cielo hasta que regresa al mar. Mientras tanto, si tienes Google Earth, pincha aquí y podrás leer y seguir aquel viaje a pie junto al Ebro, jornada por jornada.

Ah! A medida que vayamos retratando el Ebro iremos compartiendo, además, algunas fotografías. Del río de hoy, del río de siempre.

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