Esta crónica colectiva cuenta con fotografías y vídeos aportadas por Toni Font, Julia Fernández, Guillermo Orell y Sebastiá Mas. Habrá más, seguro.
Na Capitana se asalvaja, sola. Hace años que nadie sestea al lado de esta olivera. Me gusta llamarla así, en femenino, y en catalán, me resulta más próxima porque, al fin y al cabo, he aprendido a convivir con estos ejemplares en Mallorca. Por eso me duele que nadie recoja las olivas de Na Capitana, que no haya huella de pisadas su alrededor. Que nadie toque su tronco.
Desde que se levantó el campo de Golf de Son Muntaner nadie visita a Na Capitana. Quienes pasan a su lado están más pendientes de los hoyos (el suyo es el quince), por eso este día Mundial del Medioambiente (5 junio 2010) es especial.
Este árbol singular esperaba al otro lado del verde uniforme que se le exige al césped. ¿Por qué esa pretensión de forzar a la naturaleza a ser otra, en este caso, a transformarse en una alfombra?
La encontramos bien peinada, sin una rama de más, y sin embargo más asilvestrada que nunca.
Sabíamos que la mayoría de los "olivos milenarios" de Mallorca son acebuches injertados, es decir, un brote de olivo "doméstico" se alimenta de la fuerza del "silvestre" para ofrecer mejores frutos... Esa fuerza deja una huella en la nervadura de su tronco.
Sin embargo, al verlo de cerca, al tocar sus nudos, asaltan todas las preguntas: ¿El tiempo moldea o es el tronco el que se adapta?
No puedo dejar de pensar que las oliveras crecen a imagen y semejanza de la vida de sus habitantes; de su mano, adquieren forma, envejecen... ellas hablan de nuestro estilo de vida, son pues, nuestro espejo.

He visto cómo en Mallorca la mayoría de estos árboles se convierten en árbol de decoración o caen en el olvido. Cuando llegan a ese punto, su origen asilvestrado se impone y las pequeñas hojas, los frutos menores (sólo atractivos para las aves) se adueñan del ejemplar. Por eso, ver de cerca las dos tonalidades de las hojas de Na Capitana, con las ramas lanzadas al cielo (esta poda sería absurda si se quisiera la cosecha)... de alguna manera "salvaje", resulta extraño, porque todo su entorno es tan... "cívico".
Así, hoy Na Capitana se yergue en medio de un campo de golf rodeada de muro circular, que deja fuera el verde uniforme y dentro la rugosa tierra.
El arbusto que fué asoma por la copa mientras que de cerca los nudos de su tronco parecen más fosilizados. A su lado, la sensación de animal enjaulado se hace más potente. Na Capitana ya no capitanea los olivos, ni los almendros, ni los algarrobos de la finca original. Ahora hace lo que le pedimos: ser objeto de decoración de un campo de golf que se ofrece ante sus clientes con la seña de identidad de levantarse en un paisaje "estilo mediterráneo". La que por su copa, su corpulencia, su majestuosidad& fue gata doméstica hoy parece una de esas leonas enjauladas que se dejan mirar en los zoos. ¿Cómo evitar que, en la barriga de nuestra cámara, se convierta en un souvenir?.
Qué extraño... No se arrancó, ni se transplantó, fue el entorno el que se hizo "otro".
De aquella que fue apenas queda el nombre. Quizás las cámaras consigan fijar su existencia en la memoria de las nuevas generaciones, también de forma milenaria...
El estado de ánimo se prepara para alcanzar el Pi Gros, del que ya sabemos muerto. Así se asoma, a lo lejos.
Nos acercamos poco a poco hasta descubrir los restos de su copa. Antes de llegar a su lado el Pi Gros ya enseña que, vinculada con la vida, la muerte se llena de sentido...
El año pasado impresionó, moribundo, porque sus ramas apenas daban sombra:
Hoy, quebradas, sus ramas, su tronco, sus restos... siguen conmoviendo.
Murió. ¿Se puede ser "singular" estando muerto?
Al llegar a su lado descubrimos que había desaparecido la placa que recordaba que fue un árbol singular, algún admirador debió llevarse la pieza como fetiche.
Pasan los años y he visto que las tumbas de Elvis o Lennon, por ejemplo, están siempre llena de flores y velas, pero un árbol muerto no se entierra...
¿Cuándo y dónde empieza y acaba la vida de un árbol?
Nada más llegar, nos sobrecogimos y todos bajamos, de forma inconsciente, la voz. Luego, de nuevo nosotros, los vivos, le abordamos como parte de las plantas vecinas, forrándole con abrazos, tacto, conversaciones... La vida sigue.
En busca de un destino para el Pi Gros recordamos que la fotografía nació de la mano del muerte, está vinculada al embalsamamiento y a la memoria. Sucedía en el año 1826 (el pi gros tenía por entonces más de doscientos años) Nicéphore Niepce logró plasmar en una plancha de bronce el paisaje que el autor veía desde la ventana del tercer piso de su casa de campo en Le Gras, Saint-Loup-de-Varennes, Francia. Esta es la foto, la primera fotografía de la historia, se llama "Punto de vista desde la ventana de Gras".
Así pues, el sueño de captar la naturaleza tal y como es, la mímesis total, se alcanzó por primera vez con el paisaje. Pero los largos tiempos de exposición que exigían estos primeros daguerrotipos obligaba a elegir un espacio en el que ningán ser vivo se cruzara delante del objetivo, pues esto generaría una mancha en el retrato final. Estos paisajes fueron denominados "muertos" (como en pintura existen "naturalezas muertas").
Entre 1840 y 1844 se empezaron a publicar las primeras colecciones de fotografías. Por suspuesto, fueron paisajes& pero no del todo "muertos" gracias a un truco: los grabados.
El autor de estas publicaciones era un óptico, Lerebous, y tituló a su obra "excursions daguerrierines". Eran daguerrotipos copiados en grabados, realzados con personajes y animales añadidos por el grabador.
Al lado del Pi Gros, durante unos minutos fuimos esas pequeñas piezas añadidas por el grabador, para añadir vida a un árbol gigante, muerto. Estabamos preparados, pues, para dar el salto al siguiente árbol singular, ése que hablaría de nuestra propia muerte: el ficus del cementerio de Palma.

Las raices de este familiar de las higueras son tan potentes que comen cercos, abrazan palmeras, levantan suelos... y hacen que algunas de las tumbas de su alrededor se quiebren, para gozo y placer de los difuntos.

No es un árbol que se yerga hacia el cielo, con el fin de enlazar lo telúrico con la trascendencia, sino que avanza en horizontal y da sombra.

Mejor dicho, media sombra, desde que el cap de fiblo del 2007 se llevara por delante una de sus potentes ramas. Sin embargo, a pesar de la amputación, sobrevive, arraigado con fuerza a la vida.
La explicación de que se levante en la zona antigua del camposanto, pegado a la palmera, quizá se esconda entre las líneas de la historia de este cementerio. Se construyó en el año 1809. Las primeras tumbas se levantaron de forma anárquica hasta que, en plena oleada romántica, los enterramientos fueron tomando orden. Quizá, quién sabe, fue entonces cuando se privilegió la sombra del ficus& y los nichos se distribuyeron de forma circular, bajo su copa.
Hoy se hace evidente que este ficus lleva, una y otra vez, la contraria a la muerte y se arraiga a la tierra, superviviente. Sus raíces, hacen un hueco donde ovillarse... o donde sentarse, como Buda hizo con la higuera sagrada, a hacerse preguntas. Él se pasó tres días y resolvió todas sus dudas.
Joan, uno de los viajeros, recordó, tras esta parada, el rito funerario de los Toraja, en Sulawesi (Indonesia). Los niños lactantes (llamados "sin dientes") son enterrados en el interior de un árbol. Introducen su cuerpo en una de las ranuras del árbol para que, con el paso del tiempo, el tronco reabsorba su cuerpo. Para los Toraja, los árboles no solo son parte del "cuerpo "de la tierra , sino que en sí mismos son una imagen del cosmos que se renueva de forma periódica, de manera que el bebé difunto introducido en un árbol se coloca en un centro de regeneración, de vida. No estuvimos allí, pero las palabras hicieron posible su presencia en este itinerario:

Es así como damos el paso definitivo a esta extraña cuenta atrás circular, en la que partimos de la vida "artificial", nos zambullimos en la muerte, y regresamos a las promesas de los árboles en flor, porque La Lagunaria de la Lonja de Palma comenzaba a pintarse de malva. Su floración es a finales de mayo y primeros de junio, de modo que cuando llegamos empezaban a aparecer entre sus hojas las flores malvas propias del ejemplar.
Es nuestro árbol vecino, convivimos con él... quizás por eso no se tenga en cuenta su condición de "singular" y le demos trato de "mobiliario urbano".
Sólo el sol, que nos hace buscar su sombra, nos empuja a reparar en él:
Quizá por ser el árbol más urbano del recorrido, se presenta a punto de reventar de flores y, quizás, desmelenado en exceso. Al menos a juicio de los que saben de poda y mantenimiento&
Uno de los que participaron en el itinerario, jardinero, recordó hasta qué punto la virtud puede convertirse en defecto: por su enorme resistencia a la salinidad del mar, la lagunaria es uno de los ejemplares que más presentes están en los paseos marítimos, como sucede en Palma. El problema es que su profusión ha dado lugar a una plaga de chinches en algunos de esos puntos del paseo y, por lo visto, se llevan por delante otras especies y generan rechazo de los vecinos hacia esta especie. Otra pega más para este árbol que popularmente se conoce como "pica pica", quizá porque donde hay confianza da asco... al menos así dice el refrán.